¿Por qué «los Kizan» no asumen la responsabilidad de las consecuencias del delito que supuso la creación del «Apoyo Rápido»?

La responsabilidad no se mide por quién disparó el primer tiro, sino por quién creó el sistema que hizo posible ese disparo.

La cuestión de la responsabilidad ha estado presente en el debate sudanés desde el estallido de la guerra el 15 de abril de 2023:

¿Quién es responsable de la catástrofe provocada por las Fuerzas de Reacción Rápida?

La respuesta correcta no puede ser: «Solo el apoyo rápido».

Tampoco puede ser: «Solo el ejército».

Tampoco debe convertirse la respuesta en una exculpación política del sistema del «Salvamento», el Frente Islámico y el Congreso Nacional, que gobernaron Sudán durante tres décadas, y que, durante ese tiempo, reconfiguraron el Estado, el ejército, los servicios de seguridad y la sociedad, de una forma que contribuyó a crear el entorno del que surgió una de las formaciones armadas más peligrosas de la historia moderna de Sudán.

El «Apoyo Rápido» es responsable de los delitos que ha cometido, al igual que sus mandos y combatientes son responsables de sus actos, cada uno según su función.

Sin embargo, eso no descarta otra cuestión más profunda:

¿Quién creó las condiciones políticas, de seguridad y jurídicas que permitieron el surgimiento de una fuerza militar paralela al Estado y, posteriormente, le proporcionó armas, legitimidad, recursos e influencia?

Aquí es donde entra en juego la responsabilidad del sistema de rescate.

En primer lugar: el delito de golpe de Estado contra la democracia

El problema tuvo su origen en la política.

En junio de 1989, Omar al-Bashir, con el apoyo del Frente Nacional Islámico, derrocó el régimen democrático vigente. Se disolvieron las instituciones políticas y sindicales, y se reconstruyó el Estado según un proyecto ideológico autoritario.

No se trató simplemente de un cambio de gobierno, sino de un punto de inflexión en el proceso de desarrollo democrático del Estado sudanés.

Cuando se cierran las instituciones políticas, se reprime a los partidos y a los sindicatos, y el Estado queda sometido a un partido o a una organización, la sociedad pierde los mecanismos para gestionar los conflictos de forma pacífica.

En lugar de convertirse en una rivalidad sobre los programas, el conflicto político se está transformando gradualmente en una lucha por el control del Estado.

Ahí es donde residen las raíces de la catástrofe.

Segundo: la politización del Estado y el debilitamiento de sus instituciones

Una de las mayores equivocaciones del régimen del Salvamento fue convertir la lealtad política en un criterio fundamental en la gestión del Estado.

Se ha destituido a un gran número de funcionarios, militares y profesionales, y han sido sustituidos por personas leales al régimen.

Y, en amplios sectores, los organismos del Estado quedaron vinculados al sistema de lealtad política y de seguridad.

Y aquí se produjo un cambio sumamente grave:

El Estado ha empezado a perder su neutralidad, las instituciones están perdiendo su independencia y el partido se ha situado por encima de las instituciones.

Y esto no es solo una cuestión moral, sino un problema relacionado con la seguridad nacional.

Un Estado cuyas instituciones no sean más fuertes que las personas y las organizaciones se ve incapaz de monopolizar el poder de forma estable.

Tercero: la guerra como medio para gestionar la política

En el sur, y posteriormente en Darfur y otras regiones, el régimen no abordó la guerra como un fracaso político al que había que poner fin, sino que recurrió de forma generalizada a la militarización de la sociedad y al uso de formaciones armadas leales al Estado.

Los estudios indican que el régimen de Al-Bashir recurrió a fuerzas paramilitares y a las Fuerzas de Defensa Popular; además, los janjaud, a quienes el Gobierno apoyó en Darfur, formaron parte del entorno del que surgió posteriormente la Fuerza de Apoyo Rápido.

Y aquí conviene detenerse en un hecho fundamental:

Cuando un Estado recurre a milicias ajenas a la estructura tradicional de las Fuerzas Armadas, abre una puerta que resulta difícil de cerrar.

La fuerza que se crea para combatir al adversario de hoy puede convertirse mañana en un adversario del Estado.

Cuarto: el sector de la asistencia rápida

Este es el aspecto más claro de la responsabilidad histórica.

El Movimiento de Apoyo Rápido no fue un movimiento popular independiente que surgiera de la nada.

Se creó oficialmente en 2013, durante el mandato de Omar al-Bashir, y en sus inicios estaba bajo el control del Servicio de Seguridad e Inteligencia, aunque sus raíces se remontan a los janjaud, a los que el Gobierno de al-Bashir utilizó en la guerra de Darfur.

Por lo tanto, la pregunta no es:

¿Existía el apoyo rápido antes de la guerra?

Sí.

La verdadera pregunta es, más bien:

¿Quién lo creó? ¿Y por qué? ¿Bajo qué égida? ¿Y quién le proporcionó armas, dinero y poder?

No se puede responder a estas preguntas echándole toda la culpa solo a Hamidti.

Fahmidati no inventó el sistema gracias al cual ascendió, sino que ascendió dentro de un sistema creado por el propio poder.

Quinto: el mayor error: la creación de un ejército paralelo al ejército

El Estado moderno se basa en un principio sencillo:

Las fuerzas armadas del Estado deben estar bajo el mando del Estado.

No puede haber dentro del Estado dos ejércitos independientes, cada uno con su propio mando, sus propios recursos, sus propias redes de intereses y sus propias zonas de influencia.

Sin embargo, el régimen de Al-Bashir hizo justo lo contrario.

Así pues, en lugar de crear una institución militar nacional unificada, se permitió el desarrollo de fuerzas armadas paralelas.

Y lo más preocupante es que la Fuerza de Apoyo Rápido no se ha limitado a ser una fuerza de apoyo, sino que se ha convertido progresivamente en una institución militar, económica y política con influencia propia.

En los últimos años del mandato de Al-Bashir, las Fuerzas de Apoyo Rápido se habían convertido en un actor clave dentro del sistema de poder.

Y esto no es responsabilidad exclusiva de Hamidati, sino de quien decidió, en primer lugar, que el Estado dependiera de una fuerza militar ajena a la estructura tradicional del ejército.

Sexto: el uso del apoyo rápido para proteger el sistema

La gran ironía histórica radica en que el régimen que creó esta fuerza ni siquiera confiaba plenamente en las instituciones estatales tradicionales.

El régimen de Al-Bashir se basaba en la distribución del poder entre diversos organismos e instituciones, de modo que ninguna de ellas pudiera por sí sola derrocar el régimen.

Los investigadores han descrito este enfoque como una especie de «vacuna contra los golpes de Estado», mediante la creación de fuerzas de seguridad y militares que compiten entre sí.

Y aquí es donde el régimen cometió un error estratégico fatal:

La protección del régimen ha pasado a ser más importante que la construcción del Estado.

Y cuando la prioridad del gobernante es proteger el régimen en lugar de proteger el Estado, las propias instituciones del Estado comienzan a convertirse en instrumentos de conflicto.

Séptimo: El crimen de Darfur y la responsabilidad del Estado en la creación de las milicias

La cuestión de la «Intervención Rápida» no puede separarse de Darfur.

Los Janjaweed se asociaron con la guerra en Darfur y con las violaciones generalizadas que se cometieron allí; posteriormente, parte de este grupo armado se reorganizó bajo el nombre de «Fuerzas de Apoyo Rápido».

Por lo tanto, hablar del «apoyo rápido» como de un «problema que comenzó el 15 de abril de 2023» supone una simplificación engañosa de los hechos históricos.

El problema viene de mucho más atrás.

Todo comenzó cuando las armas de las tribus y las milicias se convirtieron en una de las herramientas del Estado para gestionar la guerra y la política.

Asimismo, la Corte Penal Internacional ha dictado órdenes de detención contra Omar al-Bashir por acusaciones de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio relacionados con Darfur.

Y no se trata simplemente de acusaciones políticas por parte de sus adversarios, sino de un caso que ha llegado a un órgano judicial internacional.

Octavo: La división de la sociedad y el surgimiento del Estado profundo

Una de las consecuencias más graves de tres décadas de gobierno del «Salvación» es que el Estado ya no se limita a las instituciones públicas.

Así, surgieron redes políticas, económicas y de seguridad vinculadas al régimen, y el Estado se convirtió en un escenario de conflicto entre distintos grupos de interés.

Esto ha dado lugar a un debilitamiento del concepto de ciudadanía.

Así pues, en lugar de que los ciudadanos sean iguales ante el Estado, la afiliación política, regional o de seguridad se ha convertido en una vía para acceder al poder y a los recursos.

Y así llegamos a una de las consecuencias más graves del sistema:

El debilitamiento del Estado nacional en beneficio de las redes de poder.

Noveno: la economía sumergida

El problema del rescate no era solo político.

Durante los años de su mandato se crearon sistemas económicos vinculados a los organismos de seguridad, al ejército y al partido gobernante.

Esto ha dado lugar a la aparición de una economía que no está totalmente sujeta al control civil ni a las instituciones financieras tradicionales.

El resultado fue que algunas fuerzas militares contaban con sus propios recursos, por lo que dejaron de depender por completo del presupuesto del Estado.

Y este es un aspecto sumamente grave en cualquier país, ya que tanto el ejército como las milicias, al disponer de una economía independiente, se vuelven menos sometidos a la autoridad civil.

10. La separación de Sudán del Sur

No se puede atribuir exclusivamente al plan de rescate todas las causas de la secesión de Sudán del Sur, ya que la cuestión tiene raíces históricas que se remontan a antes de 1989.

Sin embargo, tampoco se puede pasar por alto que el régimen de salvamento gestionó la guerra en el sur con una mentalidad militar e ideológica radical, y que la prolongada guerra concluyó con un acuerdo de paz global y, posteriormente, con la independencia de Sudán del Sur en 2011.

Y aquí cabe plantearse la siguiente pregunta:

¿Ha logrado el régimen mantener la unidad de Sudán?

Este resultado histórico pone de manifiesto que Sudán perdió una gran parte de su territorio, su población y sus recursos, y que el Estado salió de esta experiencia más debilitado.

XI: Treinta años sin construir un Estado democrático

Lo más grave que hizo el régimen fue no dejar, tras su caída, un Estado democrático y estable.

Más bien dejó:

Un ejército enorme con múltiples centros de poder.

Dispositivos de seguridad de gran potencia.

Grupos armados paralelos.

Una economía militar y de seguridad.

Instituciones políticas débiles.

Partidos políticos agotados.

Una sociedad dividida.

Crisis regionales acumuladas.

Una cultura política que considera que el poder es el camino hacia la autoridad.

Y este es el contexto en el que se produjo la crisis a partir de 2019.

XII: Tras la caída de Al-Bashir: una oportunidad perdida

هنا تبدأ مسؤولية أطراف أخرى.

ومن الخطأ تحميل الكيزان وحدهم كل ما حدث بعد عام 2019.

فبعد سقوط البشير، أتيحت للسودانيين فرصة تاريخية لبناء دولة مدنية وإعادة هيكلة القطاعين الأمني والعسكري.

لكن الانتقال تعثر.

ثم وقع انقلاب أكتوبر 2021، وكان كل من الجيش والدعم السريع جزءًا من المشهد العسكري الذي أجهض الانتقال الديمقراطي.

وبذلك انتقلت الأزمة من سؤال:

¿Quién gobierna Sudán?

إلى سؤال:

من يملك السلاح؟

ثم انفجر الصراع في 15 أبريل 2023.

الثالث عشر: لكن هل أخطأ الكيزان وحدهم؟

هنا يجب أن نكون أكثر إنصافًا.

لا.

الحرب الحالية ليست مسؤولية الكيزان وحدهم.

فالدعم السريع يتحمل المسؤولية المباشرة عن الجرائم التي ارتكبها.

كما تتحمل القيادات العسكرية والسياسية التي اتخذت قراراتها بعد سقوط البشير مسؤوليتها، وتتحمل القوى السياسية المدنية مسؤولية أخطائها، وكذلك الدول الإقليمية والدولية التي دعمت أطراف الحرب.

لكن السؤال الذي نناقشه هنا ليس:

من ارتكب جميع جرائم الحرب؟

بل:

من وضع الأساس البنيوي الذي جعل وجود قوة عسكرية موازية أمرًا ممكنًا؟

والجواب التاريخي واضح:

يتحمل نظام الإنقاذ مسؤولية تأسيس هذا النموذج.

الرابع عشر: لماذا يرفض بعض الكيزان الاعتراف بهذه المسؤولية؟

لأن الاعتراف بالخطأ يعني الإقرار بأن مشروعهم السياسي لم يفشل في الاقتصاد والسياسة فحسب، بل فشل أيضًا في أهم وظائف الدولة: حماية الدولة من الانهيار.

فالذين يقولون:

«الدعم السريع هو الذي صنع الحرب، ونحن لا علاقة لنا به»

يتجاهلون أن الدعم السريع لم يكن قوة أجنبية هبطت من السماء.

لقد نشأ داخل الدولة السودانية، وبقرار من السلطة السودانية، وفي عهد نظام الإنقاذ، وبموجب قوانين صدرت في عهده، وتحت قيادة سلطة كان عمر البشير رأسها.

ثم تطور لاحقًا إلى قوة مستقلة.

الخامس عشر: لكن الاعتراف بالمسؤولية لا يعني تبرئة الدعم السريع

وهذه نقطة يجب أن تكون واضحة.

إن القول إن نظام الإنقاذ يتحمل مسؤولية تاريخية عن صناعة الدعم السريع لا يعني إطلاقًا إعفاء الدعم السريع من مسؤولية جرائمه.

ولا يجوز استخدام أخطاء الإنقاذ لتبرير جرائم الدعم السريع.

كما لا يجوز استخدام جرائم الدعم السريع لتبرئة الإنقاذ من مسؤولية صناعة البيئة التي أنتجته.

فالجريمتان لا تلغي إحداهما الأخرى.

بل إن فهم الأولى يساعد على فهم الثانية.

Resumen

لم تبدأ المشكلة السودانية في 15 أبريل 2023.

فقد كان ذلك التاريخ لحظة الانفجار، أما جذور الانفجار فتعود إلى عقود من إدارة الدولة بمنطق القوة، وتسييس المؤسسات، وعسكرة المجتمع، وإنشاء قوى مسلحة موازية، وإضعاف السياسة المدنية.

والدعم السريع أحد أخطر منتجات هذه المنظومة.

لذلك، فإن الموقف الوطني الصحيح ليس أن نقول:

«كل شيء سببه الكيزان».

كما أنه ليس أن نقول:

«الكيزان لا علاقة لهم بالدعم السريع».

بل إن الموقف الصحيح هو:

يتحمل الكيزان مسؤولية تاريخية وسياسية مباشرة عن إنشاء البيئة التي أنتجت الدعم السريع، وعن إنشاء القوة نفسها في عهد البشير، وتوسيع دورها، وتحويلها إلى مؤسسة مسلحة موازية.

أما الجرائم التي ارتكبها الدعم السريع بعد ذلك، فهي مسؤولية قادته ومرتكبيها، ولا تسقط بالتقادم السياسي ولا تبررها أخطاء النظام السابق.

والدرس الأكبر الذي ينبغي أن يتعلمه السودان هو:

لا دولة بلا جيش وطني واحد، ولا جيش وطني بلا دولة مدنية، ولا ديمقراطية يمكن أن تستمر في ظل مليشيات مسلحة، ولا سلام حقيقي من دون عدالة ومحاسبة لكل من ارتكب جريمة، بصرف النظر عن موقعه أو انتمائه السياسي.

لقد دفع السودان ثمن تحويل الدولة إلى مشروع سلطة.

ولا يكون الطريق إلى المستقبل بإعادة إنتاج النموذج نفسه تحت أسماء جديدة، بل ببناء دولة واحدة، وجيش واحد، وقانون واحد، ومواطنة واحدة، وسلطة تستمد شرعيتها من الشعب لا من فوهة البندقية.